LA CONSERVACIÓN EN RIESGO?
Si bien el posicionamiento del humano en este mundo no termina por cubrir la expectativa que personalmente tenía para estas alturas, afortunadamente a cada duda encontré las pautas que me devolvieron esperanza de que existe positivismo en la evolución de la humanidad.
Pero suelo alertarme cada vez que encuentro señales de actitudes humanas que tienden a impedir la preservación de la memoria cultural y sus acervos testimoniales, y a cada inquietud suelo preguntarme si estos fenómenos obedecen a las conductas de algunos individuos despreocupados de lo que acontezca con sus congéneres, o bien a lo que considero más peligroso: el consenso genérico.
Mucho de esto me ocurrió observando que las culturas populares regionales ya no tienen la misma validez que en el pasado, porque ahora se está imponiendo una “cultura internacional” que se ha dado en llamar globalización, que nos deslumbró con la aparición de Internet y la posibilidad de obtener información casi ilimitada (aunque este potencial es también engañoso por no estar en manos de todos: las estadísticas indican que que en sudamérica sólo un 16,5 % de la población posee computadora …)
Es importante destacar que esa aparición simultáneamente trajo aparejados ciertos procesos de globalización social, en los que predominan las políticas referidas a las cuestiones económicas, que van desplazando en importancia a las necesidades humanísticas y creando en los seres una mentalidad que no condice con los principios conservativos que solemos defender en nombre de la memoria ancestral.
Los –ya deteriorados- objetos de las colecciones, testigos de las culturas en desvalorización, insensiblemente tienden a disminuir su importancia en los nuevos códigos en los que imperan pautas que atentan conta valores que alguna vez estaban referidos a la pertenencia de los pueblos y muchas otras referencias que permiten al habitante de la tierra sentirse un Ser Humano y no un individuo genérico.
Todo esto contradice lo que habíamos aprendido, relacionando nuestra individualidad con la historia de determinados artefactos, y protegiendo hasta costumbres que jamás conoceremos, porque también son “partes de nosotros”, ya que toda expresión humana tiene algún impacto en nuestra propia persona, como integrantes de una misma naturaleza.
Resulta lamentable asumir que el pago por la “evolución” técnica o industrial conflictúe el control de la contaminación ambiental o genere la desaparición de las culturas determinadas como “menores” por definiciones intencionadas.
ARGENTINA Y LA CONSERVACIÓN
La primer alerta me alcanzó cuando percibí que algunas grandes instituciones internacionales (vectoras del movimiento de la Conservación mundial) estaban “achicando” sus programas sobre preservación, contrariando las expectativas de quienes pensamos que las mismas seguirían funcionando como sponsors genéricos para un mayor desarrollo de la disciplina. Hoy entiendo que aquéllo fue una pretensión de mi parte, y que acaso haya que agradecer que (en buena parte, por ellos) el camino de la Conservación ha multiplicado geométricamente sus efectos al paso de los años. Pero no puedo dejar de destacar que desde el rango de las aspiraciones, hubiese sido importante contar con el respaldo necesario para cubrir las enormes falencias que aún existen a nivel mundial.
En mi país, la aparición de la Conservación ganó adeptos rápidamente entre quienes manejaban las colecciones, pero no lograba reconocimiento en los posicionamientos gubernamentales donde acaso “se la mencionaba” para estar a la moda, mientras el apoyo que se hacía de ella era magro, escudados los funcionarios tras su pretexto favorito, determinado como “la escasez de presupuesto”.
Pero hasta las crisis tienen su “aspecto positivo”, y en esta situación, diría que los hechos han disminuido la “dependencia paternalista” que tuvimos hace tiempo, en la esperanza de que los Estados se hicieran responsables por su acervo patrimonial. Hoy las personas nos hemos tenido que hacer cargo de nuestra responsabilidad individual frente al Patrimonio, con ingenio y adaptación a las circunstancias. Contribuyó a esto en mi país la existencia de información y bibliografía difundidas, buena parte de lo cual generó la recordada Carolyn Rose a través de los programas de entrenamiento que gestó con la desaparecida Fundación Antorchas.
Así, el esfuerzo sostenido de quienes consideraron la disciplina como una herramienta cultural ha dado sus frutos aunque esto todavía no implica que exista una política genérica de Conservación desde el Estado, cosa en lo que seguiremos trabajando. Afortunadamente ya existen funcionarios concientizados en algunos estratos del mismo, lo que ha permitido avances interesantes. Por ejemplo, la actual Dirección de Patrimonio promulga la capacitación dentro de las distintas disciplinas, como ha ocurrido en medios relegados, como las bibliotecas populares.
Desde hace tiempo el Estado no financia más los programas o acciones de la Conservación, y es externo al punto que ya no se habla de “partidas” sino de “programas” que emplean fondos de contraparte para llevar a cabo los proyectos.
Inteligentemente nuestro medio ha aprovechado el amplio movimiento de divulgación gestado desde hace unos veinte años, a través de lo cual se ha logrado entrenar una cantidad de profesionales de todas las especialidades relacionadas y que actúan ahora como cuadros formados. Estos últimos son aprovechados para generar centros o unidades de Conservación en las provincias, que luego actúan a su vez como difusores de los conocimientos.
Hoy nuestros museos suelen tener Restaurador o Conservador, y aún los que no los poseen tienen al menos entre sus filas alguna persona que posea conocimientos sobre Conservación. Y esto último es en sí un simple pero importante acontecimiento, que genera cambios; tanto en las mentalidades como en la preservación de las colecciones...
Se ha recuperado el prestigioso taller-escuela Tarea, a través de convenios con una Universidad; se han creado diversas maestrías en distintas especialidades; espacios en universidades privadas con titularidades en Conservación; y –destacadamente- desde hace diez años se logró incluir la carrera pública Licenciatura en Conservación y Restauración de Bienes Culturales, en el Instituto Universitario del Arte (IUNA), que lucha continuamente contra fuertes limitaciones presupuestarias, pero que asimismo ya ha logrado su primer grupo de egresados.
Son éstos algunos ejemplos del estilo y evolución de la Conservación en mi país, generados con esfuerzo y consciencia a través de la actitud optimista de quienes han descubierto la dimensión social de la disciplina. Porque se equivocan quienes la conceptúan como si fuera simplemente un “manual de procedimientos para la preservación de la materia”…
…En realidad la Conservación está basada en conceptos de revalorización humanística, por lo que justamente posee las motivaciones para que todo humano –no sólo técnicos- se pueda inscribir en sus filas.
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